jueves, 30 de julio de 2020

TRES HISTORIAS BÉTICAS EN CARRANZA


Tuvo que ser en aquellos años con sabor a cartillas de racionamiento, café de achicoria y estraperlo, cuando aquel Betis del manquepierda, con camisola de tela y calzón de sarga de la calle Francos, un balón con cuerda y gajos, el macuto de Adolfito y los emparedados de Jaramillo, comenzó a frecuentar y a cruzar la geografía andaluza en un latoso Hispano que Marsans abarataba a la expedición sevillana.

Entre las radiales más conocidas, estaba la del trayecto suroeste, frecuentando los beticos Utrera, Jerez, San Fernando, Algeciras o Cádiz, tras un largo viaje de baches y empedrados con descansos en alguna venta o gasolinera para el repostaje.

En 1957 la luz del largo túnel se empezaba a avistar a su fin, pero aquel último ejercicio en la categoría de Plata testimonió alguna otra penalidad, como fue la famosa gripe asiática - prima lejana del actual covid -, que llegó incluso a provocar la suspensión de la maquinaria deportiva en nuestro país algunas semanas, de tal forma que los béticos aplazaron su salida a la Tacita, camino que retomaron para volver con una derrota en el zurrón, en aquel novísimo Carranza de entonces, con fondos alejados y el mural de piedra de la entrada.



Un cuarto de siglo después, el sureste seguía, para el Betis terminando en Cádiz, bien a través del tren bajando chispa más o menos por la Aguada, bien recordando otra vez el autobús, pasando el peaje. Estamos en 1982, con Puente pero sin Mundial y enfilando la Segunda, pierden los amarillos 0 a 2 con los goles de Gordillo y del Lobo, con un Gorriti de figura que hacía doscientos partidos con el Betis, quien a su vez como sin darse cuenta cumplía setecientos encuentros donde le pertenece.


Poco tiempo sucedió cuando el verdadero submarino amarillo dejó de estar en el  ascensor para, desde las profundidades eso sí, navegar unos años en Primera. De aquel penúltimo partido, contaron lenguas mentideras y no tanto, que aquel Cadiz de Irigoyen pactó con el Betis de Retamero un punto con olor a tongo que salvaba a los del Carranza y presuntamente condenaba al Valencia al descenso, mientras que a los béticos pensando en la Copa de la Liga, ni fú ni fá. Los verdes, por repetir que no queden, habían regresado con otra anecdota de tierras gaditanas.


Carranza - Betis: tres lustros después: sin los dos maestros de la narrativa balompédica hispalense, con aún asuntos importantes que aclarar para su disputa o no, con o sin Brigadas y Supporters, público limitado, o quizá sin nadie, regresa el camino a la Taza, el del buen humor y el del anecdotario, cuadratura del semicírculo austral donde termina apeándose el Betis: Cádiz.

Autor del texto y propietario de las entradas: Rafael Medina Delgado. 

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